A cincuenta años de Abbey Road
hace 3 semanas.

Hace medio siglo los Beatles grabaron su último disco, el favorito de muchos de sus fans.


Por Pablo Strozza

Responder a la pregunta “¿Cuál es tu disco favorito de los Beatles?” es casi tan difícil como elegir a tu beatle favorito. Porque así como están quienes eligen la rebeldía de John, la simpatía de Paul, la languidez de George o la personalidad de Ringo hay gente que defiende con puños y dientes el costado pop inicial de los Fab Four contra quienes prefieren la psicodelia blanco y negro de Rubber Soul o Revolver, la multicolor de Sgt. Pepper Magical Mystery Tour o la variedad estilística del Álbum Blanco. Pero, si hacemos un hipotético Top 5 de LPs beatle, no hay dudas que entre esos cinco discos figurará Abbey Road. Lo último que grabaron los cuatro de Liverpool hace nada más y nada menos que cincuenta años, y que salió a la venta un día como hoy. 



La mítica imagen debe ser una de las fotos más emuladas del mundo

Volvamos a situarnos en contexto: tras el fracaso de Let It Be (disco y película con un concepto de “volver a las fuentes” que no anduvo, la amenaza de Harrison de dejar el grupo, las irrupciones de Yoko Ono y Linda McCartney y un George Martin harto de las internas), Paul quiso volver a grabar a la vieja usanza, con sus tres coequipers y su productor. Para eso, les pidió a todos que hagan un esfuerzo, dejen de lado todo y hagan un buen disco. Y la idea funcionó.

Porque Abbey Road no sólo rescata al mejor Lennon (“Come Together”, “Because”, “I Want You”) y al mejor McCartney (“Oh Darling”), sino que suma al mejor Harrison (“Here Comes The Sun”, “Something”) y a mejor Starr (“Octopus Garden”). Y, como yapa, crea el concepto de suite pop con el final del lado B de su vinilo, que incluye duetos de guitarras entre John, Paul y George; el único solo de batería que grabó Ringo en su historia (los odiaba y los odia todavía hoy), sentencias que luego serían decodificadas por sus fans de la misma forma en la que Charles Kinbote hizo lo propio con John Shade en Pálido fuego de Vladimir Nabokov (“You Never Give Me Your Money”, “Carry That Weight”), una frase eterna como preámbulo para una separación (“And in the end, the love you take is equal to the love you make”) y una invención final como es “Her Majesty”, o el track escondido.


(Backstage de la tapa de Abbey Road)


Originalmente el disco se iba a llamar Everest y los Beatles irían al Himalaya a sacarse la foto de portada, pero la idea se desechó. Con los ánimos caldeados, se decidió que llevara como título el nombre del estudio donde grabaron toda su discografía, y que los cuatro se sacaran una foto cruzando la calle en la puerta. Así fue como lo hicieron, y de esa forma aumentaron el mito de la supuesta muerte de Paul McCartney. El zurdo apareció en la foto descalzo, con el paso cambiado y con un cigarrillo en su mano derecha. Eso alimentó la leyenda: estaba descalzo y con el pucho porque estaba muerto. John (de blanco) llevaba luto oriental, Ringo (de negro) luto convencional y George (de denim) era el enterrador. Y, encima, el VW Escarabajo (“Beetle”) que se podía ver atrás tenía un número de patente “28 IF”. O sea: la edad de Macca “si” (“If”) siguiera vivo. Toda una gran conspiranoia de la que el propio McCartney se burló en su disco Paul Is Live. Y una portada que inspiró tanto a los Red Hot Chili Peppers como a los Simpsons, por sólo citar los primeros fenómenos pop que me vienen a la memoria y que la homenajearon

Por último, no olvidar que con Abbey Road los Beatles dieron pie a su última invención genial: como se debe separar un grupo de rock. Un grupo de rock se debe separar en lo más alto. Y la moraleja: los grupos que se separan no deben volver. Los Beatles, y también The Clash, The Smiths y Hermética pueden dar fe de este precepto. 


Tapa del disco Paul is Live (1993)  

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